Elizabeth Adrianzen
La salud es uno de los pilares fundamentales para el desarrollo de cualquier nación, porque influye directamente en la educación, la productividad, la economía y el bienestar de las personas. La pandemia de COVID-19 demostró que cuando la salud se debilita, toda la sociedad se ve afectada, sin distinción de ideologías, territorios o condición económica. Sin embargo, durante décadas, millones de peruanos, especialmente aquellos que viven en condiciones de mayor vulnerabilidad, han enfrentado dificultades para acceder a servicios oportunos y de calidad. Estas brechas generan enfermedad, sufrimiento, exclusión y desconfianza, contribuyendo a la polarización que hoy observamos en nuestra sociedad. Por ello, al momento de elegir a nuestras autoridades, la salud, la prevención y el fortalecimiento de la Atención Primaria de Salud deberían constituir criterios fundamentales para la decisión de los ciudadanos.
Asimismo, ningún avance será sostenible mientras persistan la corrupción y la falta de integridad en la gestión pública. Cada recurso mal utilizado, cada medicamento desviado y cada acto que privilegia intereses particulares sobre el bienestar colectivo termina afectando directamente la vida de las personas y debilitando la confianza ciudadana. Estas elecciones representan una oportunidad para exigir honestidad, sensibilidad humana, innovación y propuestas concretas que coloquen a la salud en el centro de las decisiones públicas. La salud puede convertirse en el gran punto de encuentro que permita cerrar brechas históricas, reducir la polarización y construir un Perú más justo, solidario y con igualdad de oportunidades para todos.
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